lunes, 13 de febrero de 2012

La aventura de Mana Island


Después de 12 días en la Coral Coast, decido moverme con los chicos españoles del rugby para las islas del oeste. La oferta que tienen son 6 noches, 7 días, comidas incluídas y el barco de ida y vuelta por 420FJD y no puede sonar mejor. La isla es pequeñita (supuestamente se puede dar la vuelta en 3 horas) y tiene un arrecife de coral bastante importante. Suenan también las palabras “buen buceo” y con eso me dejo comprar.
La aventura empieza con Matías (Martín y Asia salieron un día antes y Facu viene un día después), con el que nos subimos a un bus que nos va a llevar hasta Nadi en 4 horas. Allí cerramos el trato con un hindú gordo que lleva las uñas pintadas de morado berenjena y quedamos con él que nos recogerán por la mañana para llevarnos al barco.
Por primera vez en la historia fijiana nos recogen antes de la hora prevista y nos acercan a otra guesthouse para que esperemos junto a los otros chicos que también tienen Mana como destino. Ahí sí que hacen gala de su cultura y del Fiji time y la partida que tenía que ser a las 9 de la mañana es finalmente a las 10.30.
Justo antes de subir a un barco (barquito, diría yo) con otras 6 personas y otras tantas maletas, nos chilla un señor que nos estamos dirigiendo hacia la zona donde va a azotar un ciclón. Bien, empezamos bien.
“Why not?” recuerdo mientras nos subimos al bote.

El trayecto es durillo y se alarga hasta la hora y media (debían ser 45 minutos) con olas lo suficientemente grandes como para haber decidido no cruzar. Durante todo el rato que estamos navegando, me repito una y otra vez que tengo mucha suerte de ser de mar. Dos de las chicas se marean en el barco y pasan un rato angustioso, mientras yo charlo entretenidamente con un inglés que lleva desde agosto viajando. Hablamos de países, de aventuras, de buceo y me siento en mi salsa.
Finalmente, llegamos a “puerto” donde nos esperan Asia y Martín con una medio sonrisa y una frase: “chicos, no os quejéis hasta que veáis el resort!”. Oh my… Nos acercamos a hacer el check-in y lo único que nos dicen es que no bebamos agua del grifo, que hay electricidad de 6 de la tarde a 6 de la mañana y que si necesitamos algo que les avisemos pero que tengamos en cuenta que en Mana el Fiji time se multiplica por 10. Paciencia por 15, pienso.
Entramos a la habitación. Cuatro paredes, dos camas, una ventana de cárcel y una cortina. No hay bombilla. De hecho, no hay nada más, ni sábanas. Descubrimos que tampoco tienen toallas, aunque no nos van a hacer falta… La ducha compartida es una manguera de la que a veces sale agua y a veces no. Asia me dice que se ha “duchado” en el mar. “La comida no está mal” añade como quien quiere encontrarle lo positivo.

Salimos de ahí dispuestos a no pisar el resort más que para comer y dormir, y descubrimos que los otros tres resorts son iguales y que el único que es distinto es el que tiene dueño japonés y cuesta mínimo 400FJD la noche, el cual tiene piscina, spa y pistas de tenis. El lujo y la pobreza más absoluta son vecinos y se dan la mano. Obviamente, tenemos prohibido acercarnos a ese lugar y, sin embargo, los japoneses se pasean por “nuestro” territorio como aquel que va de visita a un zoo.
No tendría problema alguno con nada de todo esto porque al fin y al cabo venimos a por la aventura. Aunque… el tiempo no pinta bien. Dime tú que hay por hacer cuando llueve a mares en una isla sin nada que está destinada al sol, el mar y la playa. Pues eso, nada.
Los chicos se aventuran con el kayak hasta el arrecife y con la que les cae a mitad de camino consiguen volver a duras penas. Eso sí, con un remo de menos y algún que otro corte que les ha hecho el coral en los pies cuando las olas les han volcado el kayak.

Y la verdad es que me encantaría poder decir que después de esto las cosas mejoran… pero no es así. Nos dan la misma cena y el mismo desayuno dos días seguidos, el agua de la ducha decide no salir más y, para colmo, el staff se emborracha durante 24 horas seguidas. Mientras tanto, la lluvia solo para de caer un ratito que nos permite dar la vuelta a la isla - casi 3 horas para descubrir lo que ya sabíamos: esto es un paraíso muy mal aprovechado.

El resumen de las noches es fácil. Dormimos con miedo, sin apenas movernos porque hay rumores de bedbugs en las camas. Se suman a ellos los infinitos mosquitos que pretenden matar a Asia, las cucarachas y un par de ratas… Mi teoría es clara, si me dieran a elegir me quedaría con ratas y cucarachas. Al menos, estas no tratan de chuparte la sangre mientras duermes.
Después de un par de noches en ese lugar, hemos tenido suficiente y decidimos apretar al dueño para que nos devuelva el dinero y nos podamos ir. Se ve que la suerte se vuelve a poner de cara y después de unas palabras con él y de explicarle lo que ocurre, accede a hacernos la devolución y nos ofrece una noche gratis en su hostal de Nadi (comidas incluidas). Aceptamos sin dudar y a mediodía dejamos atrás Mana Island que nos despide con otro diluvio universal.

Sin embargo, el mal tiempo no nos va a impedir seguir disfrutando de Fiji. En uno de los países más felices del mundo no se puede ser infeliz. Eso nunca :D

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada