Son 2 inmersiones a distintas profundidades, con distintos tipos de comida y, por lo tanto, distintos tipos de tiburones. White tips y black tips los menos espectaculares, que se comportan como perritos que quieren jugar con el tío que les da comida. Reef sharks que son la versión intermedia. Y finalmente (a falta del tiger shark que no saben por qué lleva tiempo sin aparecer), los bullsharks. Tiburones de verdad. Que muerden sin piedad, sin hacerle ascos a nada. Están todo lo entrenados que un tiburón puede estar y saben que solo les dan comida si van de uno en uno y llegando de la izquierda, pero a pesar de ello se saltan las reglas como buenos amos del océano que son y más de una vez les tienen que tratar de poner a raya. Por primera vez, pensé que no me gustaría encontrarme uno de estos sin querer haciendo snorkel, aunque por suerte suelen aparecer a un mínimo de 20 metros de profundidad.
La verdad es que no tengo palabras para describir lo grandes, espectaculares, fuertes y majestuosos que son, ni la sensación que te embarga cuando va uno de frente mirándote como si tratara de decidir qué pasaría si se saltara todas las normas y tratara de pegarte un bocado.
Este es el vídeo (sin zoom) de una de las cosas más increíbles que he visto en mi vida.
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