viernes 20 de enero de 2012

Comienza mi vuelta al mundo

Puesta de sol en The Beachouse, Fiji

Me pongo a escribir sintiendo que quiero decir algo, pero sin saber muy bien como empezar. Podría explicar las tecnicidades del viaje, las escalas, las horas, las esperas. Podría explicar los pequeños sacrificios hechos día a día, sin pausa, para poder estar hoy aquí, pero la primera puesta de sol en este nuevo continente hizo que se me olvidaran todos. Podría explicar las renuncias, las personas que echo de menos, las cosas que dejo de hacer, pero no tendría sentido. Hago esto, estoy aquí, porque es lo que quiero hacer. Y me hace extremadamente feliz.
Poder levantarme cuando sale el sol, ir a correr a la playa, desayunar y sentarme en una hamaca que está a un metro escaso de la arena para escribir estas letras. Poder surfear, bucear, pasear en kayak, hacer un trekking por la jungla. Poder hacer nada. O algo. O todo. Poder decidir. Ser libre, sin horarios, sin reloj, sin explicaciones. Basar mis días teniendo en cuenta el tiempo y una pregunta muy simple: Qué quiero hacer? Y hacerlo.

No es suerte, es voluntad. No es riqueza contada en dólares, sino en elecciones, en experiencias. Es la riqueza y la suerte de tener las cosas claras, de haber sabido descubrir qué es lo que me hace feliz. Durante años, he ido tomando consciencia de que es un camino constante en el que lo más importante es escucharse a uno mismo y hacerse caso, porque nosotros somos los únicos que sabemos cómo hacernos felices.
Es también valentía. No solo la mía, sino la de cada uno de los que conozco que se dedican a viajar. Gente que se sale del camino marcado, rompiendo cadenas, decepcionando amigos y familiares, renunciando a una vida normal y fácil, con el solo objetivo de encontrar ese "algo más" que intuímos que tiene que existir. Ese algo más que hace que te levantes a las 6 de la mañana con la salida del sol para ir a surfear porque eso es exactamente lo que quieres hacer. Un algo más que no existe en la rutina (al menos no para mí), un algo más que tiene que ver con moverme, con lo desconocido, con actividades nuevas, con gente por conocer, con batidos de frutas al lado del océano, con ir sumando piezas al puzzle. La primera de todas fue Tailandia, la segunda el buceo y, a partir de ahí, empecé a ser consciente de que había abierto puertas a muchas aventuras y de que no me las quiero perder. Quiero vivir tantas como pueda.

En eso estamos.

Cuarto continente, sexto país. Y tantísimo mundo por delante.

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