He aprendido a hacer las cosas por mi y a ser justa conmigo y con lo que necesito.
He aprendido a no sucumbir al chantaje emocional por mucho que me quemen por dentro las ganas de hacerlo.
He aprendido que si la vida son dos días no te puedes pasar uno llorando y que no importa lo que ocurra, siempre hay que mantener la cabeza alta.
He aprendido a callarme algunas cosas y dejarlas solo al alcance de los pocos que tienen la contraseña de mi otra casa.
He aprendido que hay gente que está para quedarse, mientras otros solo llegaron para irse. Y eso no importa, porque también he aprendido que mis sentimientos hacia ellos seguirán siendo los mismos aunque los esconda muy, muy lejos.
He aprendido a dejar la puerta abierta para los que quieran salir y a no cerrarla nunca con llave porque a algunos vale la pena dejarles volver a entrar.
He aprendido que solo puede hacerme daño aquello a lo que yo le dé permiso para tocarme el corazón y así he aprendido también que se puede vencer al dolor y, sobretodo, al miedo.
He aprendido a elegir los recuerdos con los que me quedo y a hacer desaparecer el resto porque el rencor no cabe en mis días.
He aprendido que es mejor tener la mente ocupada con sueños ("empieza por S igual que sacrificio") que con recuerdos.
He aprendido que no importa de donde lleguen la sonrisas, hay que sonreírles de vuelta.
He aprendido que hay cosas que solo pueden ser cuando son cosas de dos.
Y hoy, justo hoy, he aprendido que te quiero, pero que la forma en la que te quiero a mi lado no es negociable y está en tus manos.
No, I'm not made out of iron.
And I do care. Much more than you think.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada