martes 15 de noviembre de 2011

Por nada en especial y todo en general (VII)

Mi mar en calma favorito.

Mi coherencia particular cuando pierdo los papeles. Mi sensatez inteligente.

Estaba entre la mano, la radiografía del cráneo
  y los estaños rapasteis ;)
Hay personas con la habilidad de acallar demonios, de apagar tormentas, de arrojar perspectiva. Personas que son capaces de encontrar la palabra justa para cada situación, de soltar la broma perfecta que pinte de color el momento gris. Personas que escuchan, entienden y hablan sin censura. Alex es una de esas personas. Y también es una de mis personas.

Es quien se sienta a mi lado cuando me hace falta y espera a que empiece a hablar. Es la presencia constante que amansa a la fiera. Es, en cierto modo, el ying de mi yang, el otro lado de la balanza, el lado que en muchas ocasiones trae equilibrio. Le pone pesimismo a mi locura optimista, razón a mi pasión, freno a mi velocidad, control a mi caos, paciencia a mi prisa. Estabilidad. Me deja volar pero me recuerda donde está el suelo... y yo le busco. Mis ojos no pierden de vista su perspectiva, su realidad, su postura. Le tengo en cuenta, le pregunto, le escucho. Le dejo reñirme y animarme, le dejo apoyarme y pasar de mi, le dejo estar y, al mismo tiempo, agradezco que no me deje ganar siempre.

Él apacigua la intensidad de mi carácter de tormenta de verano (so strong and quick) y eso... muy poca gente lo consigue.

Pienso que tiene casi todos los números para que me crea que es el angelito que se sienta sobre mi hombro derecho.



Te quiero un millón (de la moneda que tú quieras ;P)

Y cuando se termine, te querré otro millón. Y otro, y otro, y otro...

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