57 horas de viaje para llegar a un paraíso en crecimiento, en plena explotación de los recursos. Da que pensar... Una isla la mitad de grande que la mía que vive por y para el turismo, con solo 10 años de "vida", llena de posibilidades y con un largo camino hacia el progreso por delante.
Sigo explorando, sigo pensando. Más noticias por venir.
PD. Estoy escribiendo todas las curiosidades en mi libreta y en algún momento no muy lejano, se convertirán en post.
sábado 28 de noviembre de 2009
En Tailandia
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Neus
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viernes 20 de noviembre de 2009
Foot Locker
Chicos anuncio :)
Compartiendo una pasión. Sneakerheads for life.
Dirigido por David Maeztu y protagonizado por Marc Miller y Neus Florit.
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viernes 13 de noviembre de 2009
Happiness only real when shared
Resuenan carcajadas y por qués.
Prefiero las carcajadas tanto, taaaaaanto.
Víctor Manuel - Solo pienso en ti
Temazo :)
Dirección actual: Tortugas.
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martes 10 de noviembre de 2009
Mola...
...que te mimen tanto, tanto, tanto que incluso salgan a la calle a las 2 la mañana con un frío tremendamente congelante, para conducir hasta la gasolinera a comprarte patatas :)
He dicho.
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sábado 7 de noviembre de 2009
Otros tiempos
- ¿Qué te pasa?
* Nada.
- Pero si habéis ganado...
* ...
- ¿Qué ocurre?
Recuerdo tiempos en que una cancha era sinónimo de "casa". Cuando significaba amigas, entrenador, trabajar, luchar, ganar, intensidad, esfuerzo, sacrificio, recompensa. E-QUI-PO era nuestro grito.
Tiempos en que incluso las lágrimas más amargas servían de algo. Y los gritos, las risas en su momento, las broncas, las palmaditas en la espalda... todo era útil. Cuando las miradas hablaban por si mismas y nuestra fuerza provenía de la capacidad de ser una sola. Cuando la confianza iba y venía en todos los sentidos - entre nosotras, de ti hacia el todo, de ti hacia cada una y de nosotras hacia ti.
Me decías "si yo te digo que te des cabezazos contra la pared pq es lo que necesita el equipo, ¿lo harás?" Y yo, una enana con hambre de basket, asentía con fuego en los ojos.
Eran tiempos de 1, de 5, de 3, de puño y de 2. De triples y defensa. De apretar los puños y los dientes y sentir el basket. De hacerlo mal, saberlo, rectificar, crecer, hacerlo bien... De recibir los castigos justos y las recompensas necesarias. Cuando detrás de cada movimiento, detrás de cada decisión, había un motivo, una razón.
Tiempos en que, al final, siempre había una sonrisa. Siempre ganaba el corazón.
¿Recuerdas? "Vale la pena?" Y la respuesta siempre, siempre era que sí.
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lunes 2 de noviembre de 2009
Kwaam făn
Sábado 31/10/09:
"Te asalta, de repente, una crisis de ahogamiento repentina... Las paredes se caen y te agobian, se estrechan y te sientes encerrado. No hay espacio, no encajas. De nuevo...
Es una pecera redonda, chiquitita, y ahí, justo al otro lado, ves el mar. Inmenso, brillante, precioso, salvaje, libre...
Tratas de respirar, lo intentas de verdad, coges aire bien hondo y lo sueltas. Sonríes a los que están a tu alrededor para ver si se te contagian sus carcajadas, porque ellos sí que son capaces de respirar este aire que a ti te oprime. Pero no...
No basta. Y un montón de palabras con eco de sueños dan vueltas dentro de tu cabeza sin parar..."
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domingo 1 de noviembre de 2009
Yes, yes y'all
Alicia Keys - Doesn't Mean Anything
You are the perfect verse for a tight beat.
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sábado 31 de octubre de 2009
Daimiel sobre Montes en el Periódico
Como mucha gente no ha podido leerlo aquí os copio el artículo que firmé y publicó El Periódico de Cataluña el pasado día 25 dentro de su sección Cuaderno de domingo:
"Si siguen diciendo que el vacío es movimiento a distintas velocidades por algo será. El vacío dejado por Andrés Montes es iracundo, proporcionado a la virulencia del arranque y la aceleración de su marcha. Aunque sé que le gustaba más Ian Fleming yo he recurrido a Aristóteles para encontrar explicaciones: La flecha empujada por el arco avanza en el espacio y el aire acude rápido a ocupar el espacio por el horror al vacío, empujando a la flecha de tal manera. Así se ha ido Montes, como llegó y como vivió. Fugaz, tajante, como un torbellino. Un personaje de una película que ha sabido a poco, referente de un guión sorprendente de principio a fin. Un juguetón con herencia de aventura gallega y arte caribeño. Descendiente de virtuosos como Nené (inventor del tres cubano) y Zenaida Manfugás (prestigiosa concertista de piano) las circunstancias llevaron a Andrés a representar el papel de un negro de Chamberí que buscaba la dicha por la calle de en medio, con ese caminar tambaleante y frágil centro de gravedad sobre pies planos, sin clavel en la solapa y con sombrero, abrigo largo, gemelos dorados y zapatos brillantes.
Quería vivir en rebeldía con apariencia de aristócrata, como un hidalgo socialdemócrata preso de la originalidad. Cuando un día se afeitó la cabeza lo decidió para siempre, para no despeinarse por un camino empedrado desde la salida. Se quedó con cara de luna llena sonriente mientras viajaba en ese trueno sin frenos que no le dejaba percatarse de las cosas simples, feas y sin clase. La vida se empeñó siempre en ponerse del lado erróneo porque no hay tanta gente dispuesta a gastar tiempo en entender a un elemento tan dispar.
Disfrutábamos con nuestros papeles cambiados. Él, casi quince años mayor, era atrevido y arriesgado, más impulsivo. Con sólo una mirada me pedía que pusiera la cordura. Me acabé percatando de que en su vida no había acumulado excedentes de ternura y por eso se mostraba parco y selecto en el reparto. Me tocó. Me impuso, disimulado, su amistad sin remisión. Un experto en desconfianza como él, que veía el veneno antes de que la cobra abriera la boca, quería que le escuchara y le diera mi parecer. No pude negarme. El showman al que me tuve que adaptar sobre el escenario se puso el primero en la lista de números frecuentes de mi tarifa de MoviStar. Me eligió su mar en calma, su centinela. A partir de ese momento no dejó de sorprenderme y de nutrir al personaje.
Le conocí siempre una salud de “cristal de Bohemia”. Achacoso, hipocondriaco, se regocijaba en cualquier sitio con el uso de la lanceta y el glucómetro del estuche para diabéticos. Sobrevivía con los bolsillos llenos de pastillas contra la hipertensión, las malas ideas de su corazón en forma de anginas de pecho y las secuelas de un riñón extirpado por cáncer en una glándula suprarrenal. Un cuerpo frágil soporte para unos motores forzados a altas revoluciones que encontraba el sentido de la vida tumbado en el sofá de piel negra y buena del salón de su casa. Como un Leo Bassi del periodismo renegaba de esta profesión convencido de que no servía de nada perder tiempo buscando la suerte y de que la dignidad del trabajo era una farsa interesada.
Un día le llamaron frívolo y le acusaron de sólo buscar la risa de la audiencia. Andrés asintió con orgullo. El recurso de la repetición era imprescindible para la consolidación de los latiguillos y apodos y su trabajo, puro repentismo, sólo respiraba a través de la improvisación. Planificar era adulterar, un guión en su labor resultaba agua para chocolate. La adopción de papeles, los gestos, el estilismo y la orientación de los tiempos muertos de los partidos surgían sobre la marcha. Once temporadas, más de mil partidos y más de veinte viajes a Estados Unidos juntos. A borbotones surgieron con nocturnidad y emisión en vivo el Calabazas Club (por un centro de vacaciones donde acudió Charles Barkley para adelgazar), la cocina italiana en Detroit, el cine de Steven Seagal, chupa-chups, churros, chirimoyas, especias, mamparas y cortinas de baño.
El sentimiento masivo que ha provocado su marcha es una conmemoración a la eternidad de su registro. No sé de nadie que haya dejado tantas comidas y cenas pendientes pese a que descubría virtudes en gente que pasa desapercibida y obviaba a los triunfadores consolidados. Ninguno de los dos habríamos imaginado que su ausencia abrupta cambiara el ritmo respiratorio de tanta gente. Pero Andrés, te confieso que en esa fatídica noche del viernes 16, en el portal de tu casa, predije, entre amigos, que íbamos a leer y escuchar auténticas barbaridades en estos días. Me quedé corto. Siempre pensaste que la gente podía perder la compostura y beber agua por señas con tal de tratar de instrumentalizar a libertinos como nosotros… A un cimarrón como tú."
Antoni Daimiel
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